Contexto

El Señor Jesús ha estado hablando extensamente a los discípulos sobre su partida. Les aseguró que el Espíritu Santo vendría y que tendrían una comunión sin obstáculos con Él y el Padre. También les ordenó amarse los unos a los otros y que llevaran fruto para la gloria del Padre. Habiéndolos preparado con el conocimiento de que el mundo los odiaría, Jesús vuelve a adoptar un tono de consuelo en este último discurso. Les dice que aunque ahora estén tristes, su tristeza se convertirá pronto en alegría cuando los vuelva a ver.

Versículo clave

(16:22)

¿Sabía usted que...?

1. “Convencerá” (16:8): en el Nuevo Testamento, esta palabra significa “mostrar a alguien su pecado y convocarlo al arrepentimiento” [ref]

Esquema

  • La venida del Consolador
    (16:4b-15)
  • De la tristeza al gozo
  • La proclamación de la victoria

Análisis general

  • 1a.

    Qué enseña el Señor Jesús sobre: Él y el Padre.

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    • Jesús va al Padre que lo envió (16:5, 16, 28).
    • Todo lo que tiene el Padre le pertenece a Jesús (16:15).
    • Todo lo que los discípulos le pidan al Padre en el nombre de Jesús, el Padre se los dará (16:23).
    • Jesús les anunciará claramente a los discípulos acerca del Padre (16:25).
    • El Padre mismo ama a los discípulos porque ellos amaron a Jesús y creyeron que salió de Dios (16:27).
    • Jesús salió del Padre y vino a este mundo. Otra vez deja el mundo y regresa al Padre (16:28).
    • Jesús no está solo porque el Padre está con Él (16:32).
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  • 1b.

    Él y el Espíritu Santo.

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    • Si Jesús no se va, el Consolador no vendrá a los discípulos; pero si se va, enviará el Consolador a ellos (16:7).
    • El Espíritu Santo convencerá al mundo de pecado porque éste no cree en Jesús (16:8–9).
    • El Espíritu Santo convencerá al mundo de justicia porque Jesús va al Padre (16:10).
    • El Espíritu Santo glorificará a Jesús porque tomará lo que es de Jesús y lo hará saber a los discípulos (16:13, 14).
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Análisis del segmento

  • 16:4b-15

    1a.

    ¿A qué se refiere “esto” en el versículo 4?

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    “Esto” se refiere a todo lo que dijo Jesús antes de este pasaje. En particular, se refiere al odio y la persecución del mundo que los discípulos tendrían que soportar (15:18–16:3).

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  • 1b.

    ¿Cuál fue la reacción de los discípulos luego de escuchar “esto”?

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    La tristeza llenó sus corazones (16:6).

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  • 2.

    ¿De qué convencerá el Espíritu Santo al mundo?

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    Como hemos visto anteriormente en 15:26–27, el Espíritu Santo testifica de Jesús a través de sus discípulos. El Jesús exaltado ahora vive en los creyentes y los habilita a hablar la verdad acerca de Él. Al hacer esto, Él saca a la luz la culpabilidad del mundo incrédulo.

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  • 3.

    ¿Por qué no creer en Jesús es un pecado?

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    La venida de Jesús a este mundo, su predicación y sus obras hacen frente directamente a la maldad del mundo. Todo aquel que cree en Jesús tiene vida eterna, pero todo aquel que no cree ya está condenado (Jn 3:18–19). No sólo así, el incrédulo ahora no tiene ninguna excusa de no creer porque ya ha escuchado las palabras de Jesús y ya ha visto sus obras. Esto lo hace aún más culpable (Jn 10:37, 38, 12:48, 15:22–25).

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  • 4.

    ¿Por qué el hecho de que Jesús va al Padre tiene que ver con la “justicia”?

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    En un sentido legal, la “justicia” puede entenderse como el juicio de Dios (cf. Jn 5:30, 7:24). En este sentido, Jesús es probado justo (o justificado) cuando va al Padre porque su regreso al Padre valida su declaración de ser el Hijo de Dios y el Salvador del mundo (cf. 1 Ti 3:16).

    Además, Cristo, que es justo, imparte la justicia de Dios a aquellos que creen por medio de su resurrección (Ro 10:4–13, 1 Co 1:30; 2 Co 5:21; Flp 3:9). Esta justicia de Cristo en los creyentes es un fuerte contraste del pecado de los incrédulos mencionado en el versículo anterior (Jn 16:9). Esta es la razón por la cual la justicia de Jesús es otra base del convencimiento del Espíritu Santo.

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  • 5.

    ¿Qué significa que el Espíritu Santo convencerá al mundo de juicio?

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    A través de las palabras y las vidas de los creyentes, el Espíritu Santo le mostrará al mundo que el príncipe de este mundo ha sido juzgado. Jesús, quien ha vencido al mundo y a su príncipe a través de su exaltación (Jn 12:31, 16:33), también habilita a los creyentes a hacer lo mismo a través del Espíritu Santo (1 Jn 2:13–14). Aquellos que creen en Jesús y andan en el Espíritu tienen victoria sobre el pecado (Ro 8:1; Ef 2:1–10; Gl 5:16, 17). Su testimonio vivo es en sí un juicio contra el mundo incrédulo.

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  • 6.

    ¿De qué formas ha sentido el convencimiento del Espíritu Santo?

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  • 7.

    ¿Cómo nos declara el Espíritu Santo hoy las cosas de Jesús?

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    El Espíritu Santo nos recuerda de las cosas que dijo Jesús (Jn 14:26) y nos da entendimiento sobre las cosas espirituales de Cristo (1 Co 2:9–16; Ef 1:15–21, 3:8–19). Sin la guía del Espíritu Santo, nuestra capacidad para conocer a Jesucristo es muy limitada. Es por eso que Jesús dijo a los discípulos que ellos no podrían sobrellevar las muchas cosas que tenía para decirles (Jn 16:12). Pero el Espíritu Santo que mora en nosotros es capaz de enseñarnos, guiarnos y develarnos las cosas espirituales que de otro modo no percibiríamos.

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  • 16:16–24

    8.

    ¿Cómo verían los discípulos a Jesús dentro de un poco?

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    Los discípulos verían a Jesús cuando Él viniera a ellos después de su exaltación con el fin de manifestarse a ellos y estar con ellos (Jn 14:21, 23). Lo haría a través del Espíritu Santo (Jn 14:16–18), porque el Señor mismo es el Espíritu (2 Co 3:17; cf. Lc 21:15, donde Jesús dijo: “Porque yo os daré…”, cuando hablaba de lo que el Espíritu Santo haría, así como lo indica la declaración paralela en Mc 13:11).

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  • 9.

    ¿Por qué el mundo se regocijaría luego de la partida de Jesús?

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    El mundo se regocijaría porque odia a Jesús, ya que Jesús dio testimonio de su maldad (Jn 3:19, 20, 7:7).

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  • 10.

    ¿Por qué la tristeza de los discípulos era análoga a los dolores de parto de una mujer?

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    Los dolores de parto de una mujer, aunque extremadamente difíciles de soportar, son un proceso necesario que culmina en la alegría del nacimiento del bebé. Cuando la madre ve y abraza a su recién nacido, se olvida de los dolores de parto. De la misma manera, la partida de Jesús, que hizo llorar y lamentar a los discípulos, fue algo necesario pero temporal. Porque dentro de poco, sus corazones se llenarían de gozo cuando vieran al Señor de nuevo y cuando recibieran del Padre todo lo que le pidieran en el nombre de Jesús.

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  • 11.

    ¿Qué significa pedirle al Padre en el nombre de Jesús?

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    Cuando una persona actúa o habla en el nombre de otra, declara que ha sido enviada por esta última (cf. Dt 18:19, 20). Por lo tanto, “en el nombre de Jesús” implica una comisión de Jesús. La expresión implica obediencia a la orden de Jesús, así como actuar con su autoridad. Este mismo pensamiento se halla en la promesa de Jesús de que todo lo que le pidamos al Padre en su nombre, el Padre nos lo dará. Cuando pedimos en el nombre de Jesús, lo hacemos como sus representantes. Se nos concede acceso directo al Padre y le pedimos al Padre que cumpla lo que nuestro Señor Jesús nos ha encomendado. Esta promesa es consistente con Jn 14:12–14 y Jn 15:7, 16; es para el propósito de llevar a cabo la obra de Jesús y llevar fruto como Jesús ha mandado. Como tal, pedir “en el nombre de Jesús” ha de distinguirse de pedir para satisfacer nuestros propios deseos (cf. Stg 4:3).

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  • 12.

    ¿Cómo ha experimentado el gozo del que Jesús habla aquí?

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  • 16:25–33

    13.

    Hoy en día, ¿cómo nos habla el Señor claramente sobre el Padre?

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    Hoy en día, el Señor nos habla claramente a través del Espíritu Santo que mora en nosotros (Jn 16:13, 14).

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  • 14.

    ¿Cuál es la enseñanza de los versículos 26 y 27?

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    El Padre ama a los que aman y creen en Jesucristo. Al tener el favor de Dios, los que creen en Cristo pueden orar con denuedo al Padre directamente y tener la confianza de que el Padre hará lo que le pidan.

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  • 15.

    ¿Qué dice la respuesta de los discípulos sobre ellos?

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    Si bien la declaración de fe de los discípulos sobre el hecho de que Jesús había salido de Dios (v. 30) era encomiable, su respuesta a las palabras de Jesús muestra que no habían entendido lo que Jesús estaba diciendo. Los discípulos malinterpretaron las palabras de Jesús por dos razones. Primero, dijeron que Jesús les estaba hablando claramente, lo que hace eco de lo que dijo Jesús en 16:25. Pero en realidad, Jesús se estaba refiriendo al día en que el Espíritu Santo viniera y los guiara a toda verdad. Segundo, los discípulos dijeron que no había necesidad de que nadie le hiciera preguntas a Jesús. Esto era una interpretación equivocada de lo que Jesús había dicho en 16:23: “En aquel día no me preguntaréis nada”. De todas maneras, la falta de entendimiento de los discípulos era algo esperado, ya que el día al que Jesús se refería aún no había llegado.

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  • 16.

    ¿Qué tipo de paz podemos tener en Jesús?

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    La paz que los creyentes tienen en Jesús es distinta a la paz que da el mundo (Jn 14:27). Mientras que la paz que el mundo da es temporal y va y viene según las circunstancias, la paz que tenemos en Jesús se basa en el hecho de que Jesús vive y ha vencido al mundo. En otras palabras, nada en la vida puede vencernos porque estamos en Aquel que tiene dominio sobre todas las cosas. Nuestra confianza en Él, así como las maravillosas obras de Cristo en nosotros, nos dan una estabilidad interna que protege nuestros corazones y nuestras mentes (Flp 4:7).

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  • 17.

    Jesús proclamó victoria sobre el mundo incluso cuando estaba a punto de enfrentar el sufrimiento y la muerte. ¿Cómo nos ayuda esto en tiempos de tribulación?

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    Nuestro Señor Jesús, de acuerdo a la hora establecida por su Padre, enfrentó con valentía los sufrimientos que tenía por delante como un vencedor, no como una víctima. Hoy, siendo hijos de Dios, nosotros no estamos exentos de tribulaciones, pero las enfrentamos sabiendo que estamos haciendo la voluntad de nuestro Padre celestial y que a causa de nuestros sufrimientos tendremos gloria eterna (2 Co 4:17; Heb 12:1–3). Debido a que nuestro Señor Jesús ha abierto el camino, nosotros, como Él, somo más que vencedores incluso en medio de las tribulaciones de este mundo (Ro 8:31–39).

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