Contexto

Jesús entró en Jerusalén como el glorioso Rey de Israel. Pero su reino no era de este mundo, por lo que su misión no era lo que las multitudes tenían en mente. A medida que el ministerio público de Jesús llegaba a su fin, Jesús le habló a la gente sobre su muerte y la gloria que resultaría de ella. Por última vez, Jesús se revela a sí mismo como la luz del mundo, insta a la gente a poner su fe en Él y advierte sobre el juicio de los incrédulos.

Versículo clave

(12:36)

¿Sabía usted que...?

1. Griegos (12:20): en el sentido más amplio del término, esta palabra representa a todos los gentiles que estaban bajo la influencia de la cultura griega. [ref]

2. Felipe (12:21) y Andrés fueron los únicos dos de los doce que tenían nombres griegos (con la posible excepción de Tomás). [ref]

3. “El Cristo permanece para siempre” (12:34): esta noción pudo haberse basado en pasajes como Salmo 89:35–37.

Esquema

  • La llegada de la hora de gloria
  • El cumplimiento de la profecía de Isaías
  • La llamada final del embajador divino

Análisis general

  • 1.

    ¿De qué manera “la hora” es una idea central en este pasaje?

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    El tema de “la hora” aparece varias veces en este pasaje. Primero, el Señor anunció que la hora había llegado para que el Hijo del hombre fuera glorificado (23). Mientras hablaba de su muerte, expresó la angustia que sentía su alma por lo que esta hora le traería; pero al mismo tiempo, estaba decidido a enfrentar esta hora, ya que por ella había venido a este mundo (27, 28). En esta hora de gloria, el mundo sería juzgado y el príncipe de este mundo sería echado fuera (30, 31). Una vez que el Hijo del hombre fuera levantado y glorificado, atraería a todos los pueblos a sí mismo (32). Como la hora había llegado, el Señor Jesús también instó a la gente a creer en la luz mientras la luz todavía estaba con ellos (35, 36).

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  • 2.

    ¿Qué enseña este pasaje sobre el juicio?

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    • La hora de gloria de Jesús también era la hora del juicio (31).
    • Jesús no juzgó a los incrédulos, porque no vino a juzgar sino a salvar al mundo (47, 48).
    • La palabra que ha hablado Jesús juzgará a los incrédulos en el día final (48).
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Análisis del segmento

  • 12:20–36

    1.

    ¿Cómo se expresa plenamente aquí el significado del término “el Hijo del hombre” (23, 34)?

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    Jesús usó el término “el Hijo del hombre” para referirse a sí mismo, aunque la identidad del “Hijo del hombre” estaba encubierta para la gente, como se puede ver en Juan 12:34. Este término en la Biblia se asocia principalmente con dos ideas. La primera es su humildad y sufrimiento (Mt 8:20, 12:40, 17:12, 22, 20:18, 28, 26:2, 24, 45; Mc 8:31, 9:12, 31, 10:33, 45, 14:21, 41; Lc 9:22, 44, 58, 18:31, 22:22, 24:7; Jn 3:14, 12:34). La segunda es su origen divino, su gloria y su autoridad (Mt 9:6, 10:23, 12:8, 13:41, 16:27, 28, 19:28, 24:30, 24:44, 25:31, 26:64; Mc 2:10, 2:28, 8:38, 13:26, 14:62; Lc 5:24, 6:5, 9:26, 12:8, 17:24, 21:27, 22:69; Jn 1:51, 3:13, 14, 5:27, 6:27, 53, 62, 8:28, 12:23, 13:31; Hch 7:56). Estas dos ideas están íntimamente relacionadas, ya que el sufrimiento y la muerte del Hijo del hombre manifestarían plenamente su gloria y poder. El Evangelio de Juan une estas dos ideas. Como podemos ver en este pasaje, el levantamiento del Hijo del hombre representa el tipo de muerte que sufriría (Jn 12:33); pero también representa su ascensión (cf. Jn 6:62, 8:28), a través de la cual recibiría gloria y poder (Jn 12:23, 31, 32).

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  • 2.

    ¿Qué tenía que ver lo que dijo Jesús con los griegos que fueron a verlo?

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    Estos griegos probablemente eran gentiles piadosos que habían venido a Jerusalén para la Pascua. Su petición de ver a Jesús le dio a este último la oportunidad para hablar de la naturaleza universal de su muerte expiatoria y de la salvación que resultaría de ella. Incrustado en la analogía del grano que muere y produce muchos frutos se encuentra la idea de que, a través de su muerte, el Señor Jesús atraería a todos los pueblos, ya sean judíos o gentiles, a sí mismo (12:32; cf. 11:49–52).

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  • 3.

    ¿Cómo espera Jesús que le sirvamos?

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    En el versículo 25, que precede a la declaración sobre servirle, Jesús enseña que servirle implica odiar la vida de uno en este mundo. Esto quiere decir que mientras obedecemos los mandamientos de Jesús y seguimos su ejemplo en nuestras vidas diarias, también debemos negarnos a nosotros mismos, incluyendo nuestros deseos, comodidades y voluntad (Mt 16:24; Mc 8:34; Lc 9:23, 57, 58).

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  • 4.

    En los versículos 27 y 28, ¿cómo ejemplificó Jesús lo que esperaba de sus seguidores?

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    “Alma” en el versículo 27 es la misma palabra que “vida” en el versículo 25; la vida que uno ama u odia. Si bien la enseñanza del versículo 25 se aplica a los seguidores de Jesús y no a Jesús mismo, la angustia de Jesús, el negar su propia voluntad y la entrega de su propia vida (Jn 10:17) ciertamente nos sirven de ejemplo.

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  • 5a.

    ¿Por qué la hora en la que el Hijo fue glorificado también glorificó el nombre del Padre?

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    Jesús es Dios hecho carne. Aunque Él es el Hijo, es uno con el Padre (Jn 10:30). Como el que fue enviado por el Padre, todo lo que hacía y decía representaba al Padre (Jn 5:19, 30, 7:16, 12:49). Por lo tanto, el Padre ya había glorificado su nombre a través de las obras de Jesús en la tierra (Jn 12:28).

    Además, Él lo glorificaría de nuevo cuando Jesús cumpliera el propósito del Padre a través de su muerte y exaltación. En este sentido, la glorificación del Hijo también era la glorificación del nombre del Padre (cf. Jn 13:31, 32). Por lo tanto, los que hemos sido redimidos damos gracias y alabanzas a nuestro Padre por la salvación que existe en Jesucristo (cf. Ef 1:3–6, 1 Co 15:57).

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  • 5b.

    ¿Por qué la hora en la que el Hijo fue glorificado es también la hora del juicio?

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    A través de su muerte y resurrección, Jesús conquistó la muerte y al príncipe de este mundo, el diablo (1 Co 15:45, 54–57; Heb 2:14). Por lo tanto, la hora en la que el Señor Jesús fue glorificado también fue la hora del juicio de este mundo y su príncipe (“el mundo” representa el mundo incrédulo que está bajo la influencia del diablo; cf. Jn 1:10, 11, 15:18, 16:20).

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  • 6.

    ¿Cómo es Jesús capaz de atraer a todos a sí mismo a través de su levantamiento?

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    La muerte de Jesús manifiesta el gran amor de Dios por el mundo (Jn 3:14–16; Ro 5:6–8). Este amor incomparable nos constriñe a vivir por Él (2 Co 5:14, 15). La muerte de Jesús también derribó la barrera que hay entre los judíos y los gentiles, reuniendo así a creyentes de todas las razas bajo su nombre (Gl 3:26–29; Ef 2:11–18).

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  • 7.

    Explique la exhortación de Jesús en los versículos 35 y 36.

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    Aquí, el Señor Jesús se refirió a sí mismo como la luz que pronto se apartaría del mundo para regresar al Padre (cf. Jn 9:4, 5, 11:9, 10, 13:1, 3). Instó a la gente a creer en Él mientras aún estaba en el mundo. Si se negaban a creerle, serían consumidos por el poder del mal, tropezarían y morirían en sus pecados (Jn 8:21). Al contrario, si creían en la luz, se convertirían en hijos de la luz. Tendrían la luz de la vida en ellos, guiándolos en el camino de la vida para que no tropiecen (cf. Jn 11:9).

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  • 12:37–43

    8.

    Según este segmento, ¿por qué la gente no creía en Jesús?

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    La gente no creía en Jesús porque “no podían creer” (39). Dios había cegado sus ojos y endurecido sus corazones (40). Por sí sola, esta declaración parece apuntar a Dios como el único responsable de la incredulidad de los hombres y absolver a los hombres de toda culpa. Pero el versículo 42 dice lo contrario con la expresión “a pesar de eso”. El hecho de que muchos gobernantes creyeron en Jesús a pesar de la incredulidad general de la gente nos dice que el hombre tiene libertad de elección.

    El hombre tiene la capacidad de elegir su fe. Es por eso que el Señor instó a la gente a creer en la luz. Pero si una persona renuncia a la oportunidad de creer, Dios la entrega a una mente depravada (Ro 1:21–28). Es posible, entonces, que el cegamiento y el endurecimiento del corazón es parte del juicio de Dios sobre los que eligen rechazar a Jesús (cf. 2 Ts 1:9–12). Una vez enceguecido y endurecido el corazón, el incrédulo pierde incluso la capacidad de creer.

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  • 9.

    ¿En qué sentido vio Isaías la gloria de Jesús (41)?

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    El versículo 40 cita Isaías 6:10. En ese pasaje, Isaías vio al Señor sentado en un trono, alto y sublime (Is 6:1). Por lo tanto, la declaración en Juan iguala al Señor que Isaías vio en la visión con Jesús. Esto quiere decir que Jesús es el Dios eterno que existió incluso antes de su encarnación. La gloria que vio Isaías fue, de hecho, la gloria de Jesús. Esto es congruente con lo que la Biblia enseña sobre la divinidad de Jesús (cf. Jn 8:56, 58).

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  • 10.

    ¿Qué faltaba en los gobernantes que creyeron en Jesús?

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    Por temor a los fariseos, ellos no confesaron a Jesús, aunque creían en Él (42). Esto fue porque “amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios” (43).

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  • 11.

    ¿Alguna vez ha tenido miedo de confesar sus creencias? ¿Por qué?

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  • 12:44–50

    12.

    ¿Por qué Jesús enfatiza en esta sección su unidad con Aquel que lo envió?

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    La unidad de Jesús con el Padre autentica y da sustancia a todo lo que ha dicho y hecho. Aceptarlo a Él equivalía a aceptar al Padre, venir a Él equivalía a venir al Padre, y rechazarlo a Él equivalía a rechazar al Padre. El hombre no puede evitar encontrarse cara a cara con el Dios eterno cuando toma una decisión con respecto a Jesús.

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  • 13.

    ¿Qué nos enseña Jesús aquí sobre sus palabras?

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    Todas las palabras de Jesús venían directamente del Padre. Todo el que rechace las palabras de Jesús, rechaza al Padre. Es por eso que la palabra de Jesús juzgará al incrédulo en el día final. Por otro lado, a través de la fe en la palabra de Jesús recibiremos vida eterna porque su palabra es el mandato del Padre.

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