Contexto

Jesús continuó su viaje a Jerusalén. En el camino, repitió con mayor detalle la profecía sobre su sufrimiento, muerte y resurrección (compare 10:33-34 con 8:31; 9:31). Aun así, los doce discípulos seguían sin entender que Jesús "no vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate por todos" (10:45).

Versículo clave

(10:45;10:36,10:51)

¿Sabía usted que...?

1. Gentiles (10:33): no judíos. En este versículo, la expresión se refiere específicamente a los romanos dado que los judíos carecían de poder político para ejercer la pena de muerte, por lo que debían remitirlo al gobierno romano. [ref]

2. Principales sacerdotes (10:33): también conocidos como “sumos sacerdotes”. Eran dignatarios civiles y religiosos venerados. Además de su cargo religioso, un sacerdote principal también era el presidente del Sanedrín (la Corte Suprema judía) y el jefe de las relaciones políticas con el gobierno romano. Durante la época de Jesús, los principales sacerdotes eran Anás y Caifás, quienes luego recomendaron dar muerte a Jesús (Jn 11:49-50) y persiguieron a la iglesia primitiva (Hch 4:6; 5:17-18). [ref]

3. “Beber del vaso” (10:38): “el vaso” o “la copa” es una metáfora común en la literatura judía para referirse al gozo (Sal 23:5) o al juicio divino (Jer 25:15). [ref]

4. Jericó (10:46): una ciudad muy antigua ubicada a 8 kilómetros al oeste del Jordán y 24 kilómetros al noreste de Jerusalén. En la época de Jesús, gran parte de la Jericó del Antiguo Testamento había sido abandonada, pero Herodes el Grande construyó una ciudad nueva al sur de la vieja. [ref]

5. Mendigando (10:46): era común encontrar mendigos en lugares públicos. La prevalencia de la mendicidad se debió a la falta de un sistema de ayuda, a la falta de cura para las enfermedades comunes y al empobrecimiento de la población debido a los impuestos excesivos del gobierno romano. [ref]

Esquema

  • Jesús predice nuevamente su muerte
    (10:32-34)
  • El vaso y el bautismo de Jesús
    (10:35-45)
  • Jacobo y Juan buscan gloria para sí mismos
    (10:35-37)
  • Jesús les promete el mismo vaso y el mismo bautismo que Él recibiría
    (10:38-40)
  • Enseñanzas sobre el servicio
    (10:41-45)
  • Jesús sana al ciego Bartimeo
    (10:46-52)
  • Bartimeo clama a Jesús
    (10:46-48)
  • Jesús habla con Bartimeo
    (10:49-51)
  • Luego de recuperar la vista, Bartimeo sigue a Jesús
    (10:52)

Análisis general

  • 1a.

    Anote los títulos con los que se identifica a Jesús en este pasaje. ¿Cómo ilustra cada uno de ellos el carácter de Jesús?

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    Hijo del Hombre (33), maestro (35), Jesús nazareno (47), hijo de David (47), rabí (51 NVI).

    Estos términos identifican los diferentes estatus y responsabilidades de Jesús. Jesús era un siervo humilde (“hijo del hombre”) y al mismo tiempo un rey (“hijo de David”). Jesús era un simple carpintero (“Jesús nazareno”), pero también maestro sabio (“rabí”).

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  • 1b.

    ¿Cómo demostró Jesús su identidad de siervo en este pasaje? ¿Y en el evangelio de Marcos? ¿Y en la Biblia? ¿Y en su vida?

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    Jesús no usó su autoridad para enseñorearse sobre otros. Al contrario, preguntó: “¿Qué queréis que os haga?”, primero a Jacobo y Juan, y luego a Bartimeo. Jesús declaró claramente que Él vino para servir (45). El evangelio de Marcos describe la atareada vida de Jesús como un siervo. Él corría de un lugar a otro. Muchas personas venían a Él para pedirle lo que deseaban. Hoy en día, Jesús sigue sirviéndonos al ser el mediador entre Dios y los hombres (1 Ti 2:5). Su Espíritu Santo escudriña nuestros corazones e intercede por nosotros (Ro 8:27).

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  • 1c.

    ¿Cómo se identifica usted a sí mismo? ¿Cómo influye su identidad en lo que usted hace?

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  • 2.

    Compare la petición de Jacobo y Juan (35) con la de Bartimeo (47). Compare estas dos peticiones con la del fariseo y la del publicano en Lucas 18:9-14.

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    Jacobo y Juan tuvieron el atrevimiento de decirle a Jesús: “Queremos que haga lo que le pedimos”. Es interesante que ellos usaron el pronombre en primera persona, no una, ni dos, sino tres veces en la misma oración. Estaban orgullosos de su cercanía con Jesús y de lo que habían hecho en su nombre. En este sentido, ellos eran como el fariseo (Lc 18:9,11,12) y el hombre rico (Mc 10:20) que confiaban en su propia justicia. Jacobo y Juan sabían exactamente lo que querían y le demandaron a Jesús que se los diera. Si leyéramos únicamente 35-36, pareciera que Jacobo y Juan eran los señores y Jesús, su siervo.

    En contraste, Bartimeo clamó a su Dios y rey: “¡Ten misericordia de mí!”. Él no se atrevió a especificarle a Jesús lo que debía hacer. Al igual que el publicano, él era simplemente un siervo humilde que le pedía ayuda a su señor (cf. Lc 18:13).

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  • 3a.

    ¿Por qué debemos preguntar: “¿Qué queréis que os haga?”? ¿A quién le podría hacer esta pregunta?

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    Es nuestro deber saber qué podemos hacer por otras personas. Es natural que un siervo pregunte y satisfaga las necesidades de otro. Debemos aprender del espíritu de servicio de Jesús (Ro 15:1-3).

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  • 3b.

    ¿Cuál es su respuesta cuando Jesús le pregunta: “¿Qué queréis que os haga?”?

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    Antes de que podamos responder a esta pregunta, primero debemos entendernos a nosotros mismos. Debemos saber realmente qué es lo que más necesitamos para servir a Dios en nuestras diferentes capacidades. Eliseo pidió el poder del Espíritu Santo (2 R 2:9). Salomón pidió sabiduría para guiar al pueblo de Dios (1 R 3:5-9).

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Análisis del segmento

  • 10:32-34

    1.

    El versículo 32 dice que los discípulos estaban asombrados y con miedo. ¿Por qué cree usted que los discípulos estaban asombrados y con miedo?

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    Estaban asombrados porque Jesús estaba haciendo algo inusual. Generalmente, Jesús se apartaba de la multitud, pero esta vez iba caminando delante (1:35; 3:7; 6:32; 7:24). Quizás los discípulos estaban asombrados por sus poderosas enseñanzas acerca de entrar en el reino de Dios. Quizás estaban asombrados por la resolución de su maestro. Las predicciones de Jesús acerca de su muerte probablemente confundieron y asustaron a los discípulos dado que ellos no las entendían.

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  • 2.

    ¿Por qué Jesús les dijo a los doce discípulos lo que le sucedería?

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    Jesús quería prepararlos para la persecución que los esperaba. Se los dijo para que ellos pudieran recordar y creer cuando todo hubiera sucedido (Jn 14:29; 16:4).

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  • 10:35-45

    3.

    ¿Qué le dice la petición de Jacobo y Juan (37) sobre lo que ellos se creían ser? ¿Qué nos enseña esto sobre nuestra actitud cuando servimos a Dios?

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    Durante tres años, ellos habían seguido a Jesús y habían predicado y sanado en su nombre. Eran considerados los discípulos cercanos de Jesús. ¿Acaso esto era suficiente como para merecer una porción de la gloria de Jesús? Ellos querían tener autoridad sobre los demás, incluyendo los otros diez discípulos, pero aún les faltaba el espíritu de sacrificio.

    No debemos cometer el mismo error de Jacobo y Juan. Nos regocijamos por salvar almas, no por poder hacer milagros o predicar mensajes poderosos (Lc 10:20). Sólo porque hayamos creído en Jesús por más tiempo o porque hayamos hecho más trabajo de la iglesia no significa que merecemos más honor. Debemos hacerlo todo para la gloria de Dios. De lo contrario, seríamos hipócritas (cf. Mc 12:38-39).

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  • 4a.

    ¿Qué creían Jacobo y Juan que era la gloria de Jesús?

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    Incluso después de que Jesús había explicado claramente lo que le sucedería, los discípulos seguían sin entender. Ellos creían que Jesús recibiría gloria en este mundo, tal vez como el rey de Israel en el sentido político.

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  • 4b.

    ¿Cuál es el verdadero significado de sentarse a la derecha e izquierda de Jesús? (cf. Ro 8:17; 2 Ti 2:12)

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    Jesús les dijo a Jacobo y Juan claramente: “No sabéis lo que pedís” (38). Compartir la gloria de Jesús significa ser el mayor en el reino de Dios. Y, de acuerdo a Jesús, el que quiera ser más grande en el reino de Dios deberá ser el servidor de todos (Mc 9:35; 10:43). Además, el sufrimiento viene antes de la gloria (Lc 24:26; Heb 2:10). Para poder compartir la gloria de Cristo, debemos primero sufrir con Él. Cuando testificamos por el Señor, sufrimos por su causa (2 Ti 1:8).

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  • 5a.

    ¿Qué creían Jacobo y Juan que era el vaso y el bautismo de Jesús?

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    Siguiendo su línea de pensamiento sobre la gloria de Jesús, el vaso tendría que ser un vaso de bendiciones. Quizás interpretaron el bautismo de Jesús como el bautismo de Jesús en el Jordán. Su propio bautismo probablemente era similar al de Jesús en el Jordán, por lo que obviamente ellos podían ser bautizados con el bautismo que Jesús había sido bautizado. Estas cosas parecían cosas buenas y fáciles de hacer. Pero no prestaron atención a lo que dijo Jesús: “No sabéis lo que pedís” (38).

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  • 5b.

    ¿Qué era el vaso y el bautismo de Jesús? (cf. ¿Sabía usted que…? 3).

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    Jesús sabía que el vaso contenía la ira de Dios sobre los pecadores (Mt 26:39). Él tomaría nuestro lugar y moriría para que nos pudiéramos salvar de la ira de Dios (Ro 5:8-9).

    El bautismo con el que Jesús fue bautizado fue uno de sufrimiento y muerte. Cristo pagó un gran precio para salvarnos. Hoy en día, cuando nos bautizamos en Jesús, sepultamos nuestros pecados para poder vivir una vida nueva (Ro 6:3-4).

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  • 6.

    Según los versículos 42-44, ¿qué diferencia debería haber entre la organización de la iglesia y la organización secular?

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    Todos los obreros de la iglesia son siervos de Dios que se ocupan de las necesidades físicas y espirituales de los miembros (Hch 6:3-4). Cada uno de nosotros servimos en diferentes capacidades, de acuerdo a los dones que recibimos del Espíritu Santo (1 Co 12:4-10). Ninguna persona tiene derecho a reclamar autoridad sobre o respeto de otras personas porque Cristo es la cabeza de todos (Ef 4:15; Col 2:10).

    De la misma manera, la iglesia no debe convertirse en una jerarquía, en la que un segmento gobierna sobre otro. Más bien, debemos servirnos los unos a los otros por la fe del evangelio (Flp 1:27).

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  • 7.

    ¿De qué manera Jesús “dio su vida en rescate por todos” (45)? ¿Rescatarnos de qué?

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    La palabra “rescate” (en griego, lytron) significa “el precio de la libertad”. Jesús murió y derramó su sangre para librarnos de nuestros pecados y para que podamos recibir la “herencia eterna”—el reino de Dios (Heb 9:15). Las leyes del Antiguo Testamento prueban que nadie es perfecto; bajo la ley, todos somos pecadores (Ro 3:19-20). Pero Jesús tomó nuestro lugar y bebió el vaso del juicio y fue bautizado con el bautismo del sufrimiento por nosotros.

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  • 8.

    El versículo 43 repite la lección que Jesús enseñó en 9:35. ¿Cuántas veces tiene que repetir Jesús una lección para que usted lo pueda entender? ¿Qué le dice esto acerca de su fe?

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  • 10:46-52

    9.

    ¿Por qué cree que la gente reprendió a Bartimeo (48)? Compare estas personas con los discípulos que reprendieron a los que llevaron niños a Jesús (10:13).

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    Quizás la gente no quería que perturbara la atmósfera solemne. Quizás querían que Jesús los sanara y/o que les diera comida, y no querían que un ciego los retrasara. Quizás sus gritos fuertes les irritaban. A ellos les preocupaba más sus propios intereses e ideas. Al igual que los discípulos, ellos “no pon[ían] la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres” (8:33).

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  • 10.

    Bartimeo llamó a Jesús “Hijo de David”. ¿Qué le dice esto sobre su fe?

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    En Mateo, “Hijo de David” aparece con frecuencia, enfatizando la identidad de Jesús como rey. Bartimeo es la única persona registrada en Marcos que llamó a Jesús “Hijo de David”. Él sabía que Jesús era más que sólo “Jesús nazareno” (47). Él creía que Jesús era más que un siervo o un maestro. Su fe lo forzó a suplicarle a Jesús por misericordia.

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  • 11.

    Bartimeo le dijo a Jesús: “Rabí, quiero ver” (NVI, el subrayado es nuestro), en vez de: “Espero poder ver” o “Sería bueno si pudiera ver”. ¿Por qué se atrevió a hacer esta demanda? ¿Qué le enseña esto acerca de pedir por la misericordia de Dios?

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    La manera en que pedimos algo dice mucho sobre con cuánta ansiedad deseamos lo que pedimos. Podemos tener confianza y demandar que nuestro deseo se cumpla siempre y cuando estemos pidiendo conforme a la voluntad de Dios. Por ejemplo, cuando le pedimos a Dios que nos llene con su Espíritu Santo, podemos orar sin temor ni duda: “Señor, quiero el Espíritu Santo”, en vez de: “Señor, estaría bueno si me pudieras dar el Espíritu Santo, pero si no, también está bien”.

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  • 12.

    Compare esta sanación con la de 8:22-26. ¿Qué le dicen las diferencias sobre el ministerio de Jesús en este momento?

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    Jesús sanó a Bartimeo en frente de la multitud en vez de apartarlo y llevarlo fuera de la ciudad. Además, Jesús permitió que Bartimeo lo siguiera en vez de mandarlo a casa. Esto nos dice que Jesús ya no trataba de esconder su autoridad. Después de todo, Jesús se estaba dirigiendo a Jerusalén para enfrentarse a los principales sacerdotes y a los escribas. Al final, Él cumpliría su misión de morir en la cruz y atraer a todos los hombres a Él (Jn 12:32).

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  • 13.

    ¿Qué podemos aprender de la persistencia de Bartimeo?

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    Él no se dio por vencido cuando la gente lo quería hacer callar. Al contario, clamó aún más fuerte. Él sabía que tal vez esa era su única oportunidad de ser sanado, por lo que venció todo obstáculo hasta que Jesús respondió a su súplica. La verdadera fe requiere de persistencia y coraje frente a los obstáculos. Si deseamos la ayuda de Dios y sabemos que Él es nuestra única respuesta, debemos seguir clamando hasta que Él nos responda. No debemos permitir que nada ni nadie nos desanime mientras buscamos la misericordia del Señor.

    Para aquellos que todavía no han aceptado el evangelio, debemos aprender de Bartimeo, quien aprovechó la preciosa oportunidad y clamó al Señor. Debemos estar conscientes de que espiritualmente somos tan pobres y ciegos como Bartimeo, y que necesitamos desesperadamente la misericordia del Señor. Por lo tanto, clamemos prontamente al Señor, reconozcámoslo como el Hijo de David (nuestro Rey) y pidámosle que nos salve. No dejemos que pase porque esta podría ser nuestra única oportunidad.

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